¿Qué es el efecto Lipovetzky?

Daniel Andrés Lipovetzky y Victoria Donda

El efecto Lipovetzky es un fenómeno jurídico, económico y social que tiene lugar cuando la intervención del Estado genera efectos contrarios a los prometidos por la dirigencia política. Generalmente se lo relaciona con la sanción de una nueva ley, sin embargo puede ocurrir en otros ámbitos reglamentarios. 

A su vez, cabe resaltar que este fenómeno es más recurrente en gobiernos intervencionistas, colectivistas, populistas y/o autoritarios. Esta particularidad puede deberse a diferentes factores, ya que no hay un único desencadenante. Sin embargo, el factor más común suele ser la ignorancia del regulador respecto a la materia regulada.

Orígen etimológico del término

El efecto Lipovetzky lleva el apellido del ex Diputado Nacional Argentino Daniel Andrés Lipovetzky. Este político de tercer o cuarto orden representa ideas afines al peronismo “progresista” y el socialismo económico.

Su estadía de cuatro años en la cámara de diputados pasó prácticamente inadvertida, finalizando en el año 2019. Irónicamente, el evento que catapultó su (mala) fama fue la aprobación de la Ley de Alquileres, la cual entró en vigencia recién en 2020.

Esta Ley había sido impulsada conjuntamente con la organización militante Inquilinos Agrupados. Según sus autores, la normativa debía generar un descenso del precio de los alquileres. Sin embargo, el exceso de regulación no hizo más que destruir la oferta inmobiliaria y aumentar los precios del alquiler un 60% en tiempo record.

Vale aclarar que el sector inmobiliario ya había advertido en 2019 que la ley de alquileres sería perjudicial para los inquilinos. Por lo tanto, habiendo ocurrido un efecto negativo y predecible por culpa de la norma, se comenzó a gestar en las redes sociales y la prensa el apodo Efecto Lipovetzky. Así se dio inicio a un término que podría formar parte del repertorio académico de las ciencias sociales. 

El efecto Lipovetzky en otras partes del mundo. De Stalin a Mao.

Vale advertir que si bien la terminología es un neologismo, el fenómeno no es algo nuevo. La historia reciente de las economías centralmente planificadas son una prueba de ello. 

A modo de ejemplo, podemos resaltar el plan de exterminio de Gorriones, planeado por Mao Zedong. En 1958 el dictador comunista había proclamado una campaña para potenciar la agricultura. La misma consistía en una caza de gorriones porque, según el genocida chino, los gorriones eran dañinos para las cosechas. 

Sin embargo, la realidad era otra, ya que las aves preferían comer insectos. El resultado fue una terrible hambruna causada por las plagas que combatía naturalmente el Gorrión, por lo que en 1960 Mao debió revocar su campaña.

Por otro lado, Sheila Fitzpatrick también resalta algunos ejemplos del efecto Lipovetzky ocurridos durante el estalinismo. Como bien explica la autora, las políticas que prometían abundancia de alimentos generaban su efecto contrario. En pocas palabras, escasez. Sin embargo, los soviéticos preferían repartir culpas  en lugar de aceptar sus errores. 

¿Cómo prevenir el efecto Lipovetzky?

Lamentablemente, es difícil prevenir el fenómeno aquí analizado, debido a su naturaleza. Muchos de los ejemplos mencionados tenían efectos predecibles. Si los políticos hubieran querido evitar estos desastres, hubiera bastado con escuchar a los expertos. 

El problema de fondo surge de lo que Hayeck llamaba La fatal arrogancia. En pocas palabras, la dirigencia debería aceptar que existe un conocimiento que los excede, y que la información está dispersa. Pero aceptar esta premisa significa una pérdida de poder. 

Por lo tanto, no hay nada que la ciudadanía pueda hacer para evitar ser víctima del efecto Lipovetzky. Excepto, claro, dejar de votar políticos que regulen materias que no comprenden.

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